{"id":5153,"date":"2017-03-10T10:43:11","date_gmt":"2017-03-10T13:43:11","guid":{"rendered":"http:\/\/ecu.edu.uy\/?p=5153"},"modified":"2017-03-11T12:03:44","modified_gmt":"2017-03-11T15:03:44","slug":"escribir-un-cuento-raymond-carver","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ecu.edu.uy\/sitioweb\/escribir-un-cuento-raymond-carver\/","title":{"rendered":"Escribir un cuento &#8211; Raymond Carver"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" class=\"size-medium wp-image-5179 alignright\" src=\"http:\/\/ecu.edu.uy\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/carver-209x300.jpg\" alt=\"\" width=\"209\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/ecu.edu.uy\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/carver-209x300.jpg 209w, https:\/\/ecu.edu.uy\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/carver.jpg 348w\" sizes=\"(max-width: 209px) 100vw, 209px\" \/>All\u00e1 por la\u00a0mitad de los sesenta empec\u00e9 a notar los muchos problemas de concentraci\u00f3n que me asaltaban ante las obras narrativas voluminosas. Durante un tiempo experiment\u00e9 id\u00e9ntica dificultad para leer tales obras como para escribirlas. Mi atenci\u00f3n se despistaba; y decid\u00ed que no me hallaba en disposici\u00f3n de acometer la redacci\u00f3n de una novela. De todas formas, se trata de una historia angustiosa y hablar de ello puede resultar muy tedioso. Aunque no sea menos cierto que tuvo mucho que ver, todo esto, con mi dedicaci\u00f3n a la poes\u00eda y a la narraci\u00f3n corta. Verlo y soltarlo, sin pena alguna. Avanzar. Por ello perd\u00ed toda ambici\u00f3n, toda gran ambici\u00f3n, cuando andaba por los veintitantos a\u00f1os. Y creo que fue buena cosa que as\u00ed me ocurriera. La ambici\u00f3n, y la buena suerte son algo magn\u00edfico para un escritor que desea hacerse como tal. Porque una ambici\u00f3n desmedida, acompa\u00f1ada del infortunio, puede matarlo. Hay que tener talento.<\/p>\n<p>Son muchos los escritores que poseen un buen mont\u00f3n de talento; no conozco a escritor alguno que no lo tenga. Pero la \u00fanica manera posible de contemplar las cosas, la \u00fanica contemplaci\u00f3n exacta, la \u00fanica forma de expresar aquello que se ha visto, requiere algo m\u00e1s.\u00a0<em>El mundo seg\u00fan Garp<\/em>\u00a0es, por supuesto, el resultado de una visi\u00f3n maravillosa en consonancia con John Irving. Tambi\u00e9n hay un mundo en consonancia con Flannery O\u2019Connor, y otro con William Faulkner, y otro con Ernest Hemingway. Hay mundos en consonancia con Cheever, Updike, Singer, Stanley Elkin, Ann Beattie, Cynthia Ozick, Donald Barthelme, Mary Robinson, William Kitredge, Barry Hannah, Ursula K. LeGuin&#8230; Cualquier gran escritor, o simplemente buen escritor, elabora un mundo en consonancia con su propia especificidad.<br \/>\nTal cosa es consustancial al estilo propio, aunque no se trate, \u00fanicamente, del estilo. Se trata, en suma, de la firma inimitable que pone en todas sus cosas el escritor. Este es su mundo y no otro. Esto es lo que diferencia a un escritor de otro. No se trata de talento. Hay mucho talento a nuestro alrededor. Pero un escritor que posea esa forma especial de contemplar las cosas, y que sepa dar una expresi\u00f3n art\u00edstica a sus contemplaciones, tarda en encontrarse.<br \/>\nDec\u00eda Isak Dinesen que ella escrib\u00eda un poco todos los d\u00edas, sin esperanza y sin desesperaci\u00f3n. Alg\u00fan d\u00eda escribir\u00e9 ese lema en una ficha de tres por cinco, que pegar\u00e9 en la pared, detr\u00e1s de mi escritorio&#8230; Entonces tendr\u00e9 al menos es ficha escrita. \u201cEl esmero es la UNICA convicci\u00f3n moral del escritor\u201d. Lo dijo Ezra Pound. No lo es todo aunque signifique cualquier cosa; pero si para el escritor tiene importancia esa \u201c\u00fanica convicci\u00f3n moral\u201d, deber\u00e1 rastrearla sin desmayo.<br \/>\nTengo clavada en mi pared una ficha de tres por cinco, en la que escrib\u00ed un lema tomado de un relato de Chejov:&#8230;\u00a0<em>Y s\u00fabitamente todo empez\u00f3 a aclar\u00e1rsele<\/em>. Sent\u00ed que esas palabras conten\u00edan la maravilla de lo posible. Amo su claridad, su sencillez; amo la muy alta revelaci\u00f3n que hay en ellas. Palabras que tambi\u00e9n tienen su misterio. Porque, \u00bfqu\u00e9 era lo que antes permanec\u00eda en la oscuridad? \u00bfQu\u00e9 es lo que comienza a aclararse? \u00bfQu\u00e9 est\u00e1 pasando? Bien podr\u00eda ser la consecuencia de un s\u00fabito despertar,. Siento una gran sensaci\u00f3n de alivio por haberme anticipado a ello.<br \/>\nUna vez escuch\u00e9 al escritor Geoffrey Wolff decir a un grupo de estudiantes:\u00a0<em>No a los juegos triviales<\/em>. Tambi\u00e9n eso pas\u00f3 a una ficha de tres por cinco. Solo que con una leve correcci\u00f3n: No jugar. Odio los juegos. Al primer signo de juego o de truco en una narraci\u00f3n, sea trivial o elaborado, cierro el libro. Los juegos literarios se han convertido \u00faltimamente en una pesada carga, que yo, sin embargo, puedo estibar f\u00e1cilmente s\u00f3lo con no prestarles la atenci\u00f3n que reclaman. Pero tambi\u00e9n una escritura minuciosa, puntillosa, o pl\u00fambea, pueden echarme a dormir. El escritor no necesita de juegos ni de trucos para hacer sentir cosas a sus lectores. A\u00fan a riesgo de parecer trivial, el escritor debe evitar el bostezo, el espanto de sus lectores.<br \/>\nHace unos meses, en el\u00a0<em>New York Times Books Review<\/em>\u00a0John Barth dec\u00eda que, hace diez a\u00f1os, la gran mayor\u00eda de los estudiantes que participaban en sus seminarios de literatura estaban altamente interesados en la \u201cinnovaci\u00f3n formal\u201d, y eso, hasta no hace mucho, era objeto de atenci\u00f3n. Se lamentaba Barth, en su art\u00edculo, porque en los ochenta han sido muchos los escritores entregados a la creaci\u00f3n de novelas ligeras y hasta \u201cpop\u201d. Arg\u00fc\u00eda que el experimentalismo debe hacerse siempre en los m\u00e1rgenes, en paralelo con las concepciones m\u00e1s libres. Por mi parte, debo confesar que me ataca un poco los nervios o\u00edr hablar de \u201cinnovaciones formales\u201d en la narraci\u00f3n. Muy a menudo, la \u201cexperimentaci\u00f3n\u201d no es m\u00e1s que un pretexto para la falta de imaginaci\u00f3n, para la vacuidad absoluta. Muy a menudo no es m\u00e1s que una licencia que se toma el autor para alienar \u2014y maltratar, incluso\u2014 a sus lectores. Esa escritura, con harta frecuencia, nos despoja de cualquier noticia acerca del mundo; se limita a describir una desierta tierra de nadie, en la que pululan lagartos sobre algunas dunas, pero en la que no hay gente; una tierra sin habitar por alg\u00fan ser humano reconocible; un lugar que quiz\u00e1 solo resulte interesante par un pu\u00f1ado de especializad\u00edsimos cient\u00edficos.<br \/>\nS\u00ed puede haber, no obstante, una experimentaci\u00f3n literaria original que llene de regocijo a los lectores. Pero esa manera de ver las cosas \u2014Barthelme, por ejemplo\u2014 no puede ser imitada luego por otro escritor. Eso no ser\u00eda trabajar. S\u00f3lo hay un Barthelme, y un escritor cualquiera que tratase de apropiarse de su peculiar sensibilidad, de su\u00a0<em>mise en scene<\/em>, bajo el pretexto de la innovaci\u00f3n, no llegar\u00e1 sino al caos, a la dispersi\u00f3n y, lo que es peor, a la decepci\u00f3n de s\u00ed mismo. La experimentaci\u00f3n de veras ser\u00e1 algo nuevo, como ped\u00eda Pound, y deber\u00e1 dar con sus propios hallazgos. Aunque si el escritor se desprende de su sensibilidad no har\u00e1 otra cosa que transmitirnos noticias de su mundo.<br \/>\nTanto en la poes\u00eda como en la narraci\u00f3n breve, es posible hablar de lugares comunes y de cosas usadas com\u00fanmente con un lenguaje claro, y dotar a esos objetos \u2014una silla, la cortina de una ventana, un tenedor, una piedra, un pendiente de mujer\u2014 con los atributos de lo inmenso, con un poder renovado. Es posible escribir un di\u00e1logo aparentemente inocuo que, sin embargo, provoque un escalofr\u00edo en la espina dorsal del lector, como bien lo demuestran las delicias debidas a Navokov. Esa es de entre los escritores, la clase que m\u00e1s me interesa. Odio, por el contrario, la escritura sucia o coyuntural que se disfraza con los h\u00e1bitos de la experimentaci\u00f3n o con la supuesta zafiedad que se atribuye a un supuesto realismo. En el maravilloso cuento de Isaak Babel,\u00a0<em>Guy de Maupassant<\/em>, el narrador dice acerca de la escritura:\u00a0<em>Ning\u00fan hierro puede despedazar tan fuertemente el coraz\u00f3n como un punto puesto en el lugar que le corresponde<\/em>. Eso tambi\u00e9n merece figurar en una ficha de tres por cinco.<br \/>\nEn una ocasi\u00f3n dec\u00eda Evan Connell que supo de la conclusi\u00f3n de uno de sus cuentos cuando se descubri\u00f3 quitando las comas mientras le\u00eda lo escrito, y volvi\u00e9ndolas a poner despu\u00e9s, en una nueva lectura, all\u00e1 donde antes estuvieran. Me gusta ese procedimiento de trabajo, me merece un gran respeto tanto cuidado. Porque eso es lo que hacemos, a fin de cuentas. Hacemos palabra y deben ser palabras escogidas, puntuadas en donde corresponda, para que puedan significar lo que en verdad pretenden. Si las palabras est\u00e1n en fuerte maridaje con las emociones del escritor, o si son imprecisas e in\u00fatiles para la expresi\u00f3n de cualquier razonamiento \u2014si las palabras resultan oscuras, enrevesadas\u2014 los ojos del lector deber\u00e1n volver sobre ellas y nada habremos ganado. El propio sentido de lo art\u00edstico que tenga el autor no debe ser comprometido por nosotros. Henry James llam\u00f3 \u201cespecificaci\u00f3n endeble\u201d a este tipo de desafortunada escritura.<br \/>\nTengo amigos que me cuentan que debe acelerar la conclusi\u00f3n de uno de sus libros porque necesitan el dinero o porque sus editores, o sus esposas, les apremian a ello. \u201cLo har\u00eda mejor si tuviera m\u00e1s tiempo\u201d, dicen. No s\u00e9 qu\u00e9 decir cuando un amigo novelista me suelta algo parecido. Ese no es mi problema. Pero si el escritor no elabora su obra de acuerdo con sus posibilidades y deseos, \u00bfpor qu\u00e9 ocurre tal cosa? Pues en definitiva s\u00f3lo podemos llevarnos a la tumba la satisfacci\u00f3n de haber hecho lo mejor, de haber elaborado una obra que nos deje contentos. Me gustar\u00eda decir a mis amigos escritores cu\u00e1l es la mejor manera de llegar a la cumbre. No deber\u00eda ser tan dif\u00edcil, y debe ser tanto o m\u00e1s honesto que encontrar un lugar querido para vivir. Un punto desde el que desarrollar tus habilidades, tus talentos, sin justificaciones ni excusas. Sin lamentaciones, sin necesidad de explicarse.<br \/>\nEn un ensayo titulado\u00a0<em>Writing Short Stories<\/em>, Flannery O\u2019Connor habla de la escritura como de un acto de descubrimiento. Dice O\u2019Connor que ella, muy a menudo, no sabe a d\u00f3nde va cuando se sienta a escribir una historia, un cuento&#8230; Dice que se ve asaltada por la duda de que los escritores sepan realmente a d\u00f3nde van cuando inician la redacci\u00f3n de un texto. Habla ella de la \u201cpiadosa gente del pueblo\u201d, para poner un ejemplo de c\u00f3mo jam\u00e1s sabe cu\u00e1l ser\u00e1 la conclusi\u00f3n de un cuento hasta que est\u00e1 pr\u00f3xima al final:<\/p>\n<p>Cuando comenc\u00e9 a escribir el cuento no sab\u00eda que Ph.D. acabar\u00eda con una pierna de madera. Una buena ma\u00f1ana me descubr\u00ed a m\u00ed misma haciendo la descripci\u00f3n de dos mujeres de las que sab\u00eda algo, y cuando acab\u00e9 vi que le hab\u00eda dado a una de ellas una hija con una pierna de madera. Record\u00e9 al marino b\u00edblico, pero no sab\u00eda qu\u00e9 hacer con \u00e9l. No sab\u00eda que robaba una pierna de madera diez o doce l\u00edneas antes de que lo hiciera, pero en cuanto me top\u00e9 con eso supe que era lo que ten\u00eda que pasar, que era inevitable.<\/p>\n<p>Cuando le\u00ed esto hace unos cuantos a\u00f1os, me choc\u00f3 el que alguien pudiera escribir de esa manera. Me pereci\u00f3 descorazonador, acaso un secreto, y cre\u00ed que jam\u00e1s ser\u00eda capaz de hacer algo semejante. Aunque algo me dec\u00eda que aquel era el camino ineludible para llegar al cuento. Me recuerdo leyendo una y otra vez el ejemplo de O\u2019Connor.<br \/>\nAl fin tom\u00e9 asiento y me puse a escribir una historia muy bonita, de la que su primera frase me dio la pauta a seguir. Durante d\u00edas y m\u00e1s d\u00edas, sin embargo, pens\u00e9 mucho en esa frase:\u00a0<em>\u00c9l pasaba la aspiradora cuando son\u00f3 el tel\u00e9fono<\/em>. Sab\u00eda que la historia se encontraba all\u00ed, que de esas palabras brotaba su esencia. Sent\u00ed hasta los huesos que a partir de ese comienzo podr\u00eda crecer, hacerse el cuento, si le dedicaba el tiempo necesario. Y encontr\u00e9 ese tiempo un buen d\u00eda, a raz\u00f3n de doce o quince horas de trabajo. Despu\u00e9s de la primera frase, de esa primera frase escrita una buena ma\u00f1ana, brotaron otras frases complementarias para complementarla.<br \/>\nPuedo decir que escrib\u00ed el relato como si escribiera un poema: una l\u00ednea; y otra debajo; y otra m\u00e1s. Maravillosamente pronto vi la historia y supe que era m\u00eda, la \u00fanica por la que hab\u00eda esperado ponerme a escribir.<br \/>\nMe gusta hacerlo as\u00ed cuando siento que una nueva historia me amenaza. Y siento que de esa propia amenaza puede surgir el texto. En ella se contiene la tensi\u00f3n, el sentimiento de que algo va a ocurrir, la certeza de que las cosas est\u00e1n como dormidas y prestas a despertar; e incluso la sensaci\u00f3n de que no puede surgir de ello una historia. Pues esa tensi\u00f3n es parte fundamental de la historia, en tanto que las palabras convenientemente unidas pueden irla desvelando, cobrando forma ene l cuento. Y tambi\u00e9n son importantes las cosas que dejamos fuera, pues a\u00fan desech\u00e1ndolas siguen impl\u00edcitas en la narraci\u00f3n, en ese espacio bru\u00f1ido (y a veces fragmentario e inestable) que es sustrato de todas las cosas.<br \/>\nLa definici\u00f3n que da V.S. Pritcher del cuento como \u201calgo vislumbrado con el rabillo del ojo\u201d, otorga a la mirada furtiva categor\u00eda de integrante del cuento. Primero es la mirada. Luego esa mirada ilumina un instante susceptible de ser narrado. Y de ah\u00ed se derivan las consecuencias y significados. Por ello deber\u00e1 el cuentista sopesar detenidamente cada una de sus miradas y valores en su propio poder descriptivo. As\u00ed podr\u00e1 aplicar su inteligencia, y su lenguaje literario (su talento), al propio sentido de la proporci\u00f3n, de la medida de las cosas: c\u00f3mo son y c\u00f3mo las ve el escritor; de qu\u00e9 manera diferente a las de los m\u00e1s las contempla. Ello precisa de un lenguaje claro y concreto; de un lenguaje para la descripci\u00f3n viva y en detalle que arroje la luz m\u00e1s necesaria al cuento que ofrecemos al lector. Esos detalles requieren, para concretarse y alcanzar un significado, un lenguaje preciso, el m\u00e1s preciso que pueda hallarse. Las palabras ser\u00e1n todo lo precisas que necesite un tono m\u00e1s llano, pues as\u00ed podr\u00e1n contener algo. Lo cual significa que, usadas correctamente, pueden hacer sonar todas las notas, manifestar todos los registros.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>All&aacute; por la&nbsp;mitad de los sesenta empec&eacute; a notar los muchos problemas de concentraci&oacute;n que me asaltaban ante las obras narrativas voluminosas. Durante un tiempo experiment&eacute; id&eacute;ntica dificultad para leer tales obras como para escribirlas. Mi atenci&oacute;n se despistaba; y decid&iacute; que no me hallaba en disposici&oacute;n de acometer la redacci&oacute;n de una novela. 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