{"id":8623,"date":"2022-09-30T18:18:29","date_gmt":"2022-09-30T21:18:29","guid":{"rendered":"https:\/\/ecu.edu.uy\/sitioweb\/?p=8623"},"modified":"2022-09-30T18:18:29","modified_gmt":"2022-09-30T21:18:29","slug":"el-jardin-de-invierno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ecu.edu.uy\/sitioweb\/el-jardin-de-invierno\/","title":{"rendered":"El jard\u00edn de invierno"},"content":{"rendered":"<p>Fragmentos del libro autobiogr\u00e1fico \u201cEl jard\u00edn de invierno\u201d, de Antonio Larreta (2002)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Sarand\u00ed <\/strong><\/p>\n<p><em>La casa de la calle Sarand\u00ed 528, a mitad de cuadra entre Ituzaing\u00f3 y Treinta y Tres, frente al flanco izquierdo de la Catedral, termin\u00f3 por llamarse puramente &#8220;Sarand\u00ed&#8221; en los recuerdos compartidos y a veces confrontados: los de mi hermana y los m\u00edos. \u00bfCu\u00e1n grande era su espacio? \u00bfQu\u00e9 patio ten\u00eda piso de patines? \u00bfEn qu\u00e9 panel del sal\u00f3n de cuadros colgaban el Salinas o el Fortuny?<\/em><\/p>\n<p><em>Una casa que habitada por la familia tuvo una corta vida y habitando la memoria de los que vivimos en ella lleva un largo medio siglo de supervivencia. Sigue siendo eso: la casa verdadera. Simplemente: casa.<\/em><\/p>\n<p><em>En 1901, mi abuelo compra la casa al Dr. Alberto Nin, con la triple intenci\u00f3n de echarla abajo, construir un palacete y mudar a su familia a una zona privilegiada, la que ahora llamamos Ciudad Vieja.<\/em><\/p>\n<p><em>Casi no hay manzana entre la escollera y la Plaza Independencia que no tenga cuatro o cinco mansiones impresionantes. O que fueron. Unas se han convertido en museos. Otras se han reciclado como empresas o casas de apartamentos m\u00e1s atractivos que los que se fabrican en serie sobre la costa. Otras son pura ruina.<\/em><\/p>\n<p><em>Si Sarand\u00ed no fue convertido en ning\u00fan instituto de ense\u00f1anza, si deriv\u00f3 en ser, naturalmente, un grande y variado sal\u00f3n de juegos, un parque de diversiones con tesoros, sorpresas, emociones y sustos para los ni\u00f1os que jug\u00e1bamos en \u00e9l. Eso no hab\u00eda sido previsto por los arquitectos ni por los decoradores (era una casa pensada para adultos) y eso le daba mayor seducci\u00f3n. A lo sumo hab\u00eda una hamaca de madera en la azotea, una pianola en el patio trasero y alg\u00fan subi-baja transitorio en el jard\u00edn de invierno. No tuvimos animales, salvo un conejo que me saqu\u00e9 en una rifa. Nunca nos atosigaron a juguetes. Los ni\u00f1os de entonces nos conform\u00e1bamos con algunos pocos para el cumplea\u00f1os y unos pocos para los Reyes. Porque los reyes eran los reyes, aun en una familia liberal.<\/em><\/p>\n<p><strong>El jard\u00edn de invierno<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\" wp-image-8624 alignleft\" src=\"https:\/\/ecu.edu.uy\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Jardin-de-Invierno.png\" alt=\"\" width=\"304\" height=\"418\" srcset=\"https:\/\/ecu.edu.uy\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Jardin-de-Invierno.png 541w, https:\/\/ecu.edu.uy\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Jardin-de-Invierno-218x300.png 218w\" sizes=\"(max-width: 304px) 100vw, 304px\" \/><em>Vuelvo al jard\u00edn de invierno. Siempre volver\u00e9 a \u00e9l. Ese ha sido un amor tenaz, una muy larga fidelidad. No es para menos. Para un ni\u00f1o de pocos a\u00f1os, con cierta tendencia agazapada a la melancol\u00eda, su atm\u00f3sfera era la m\u00e1s c\u00e1lida y luminosa de toda la casa. All\u00ed se recib\u00eda a las visitas m\u00e1s \u00edntimas, merendaba la familia a media tarde, alguien le\u00eda el diario, alguien bordaba, otros se enzarzaban en partidas de ajedrez o domin\u00f3, y sobre todo jugaban los ni\u00f1os. Eso era el jard\u00edn.<\/em><\/p>\n<p><em>El invierno, la luz del invierno, se filtraba sobre todo por la claraboya que lo coronaba, exuberante de colores \u2013rosas, rojos, verdes, azules, violetas- en los dibujos vegetales de los vitraux.<\/em><\/p>\n<p><em>Esta casa fue la casa de Jos\u00e9 Antonio Ferreira y su mujer Carmen Mart\u00ednez, mis abuelos maternos. Y en mi recuerdo, como un continuum de toda mi larga vida, larga, s\u00ed, pero sacudida por la p\u00e9rdida desde muy temprano, palpita secretamente como el coraz\u00f3n de la casa, aquel jard\u00edn. All\u00ed nac\u00ed \u2013bueno, a dos metros-,\u00a0 all\u00ed crec\u00ed, all\u00ed jugu\u00e9, all\u00ed re\u00ed, all\u00ed llor\u00e9, all\u00ed me hice las primeras preguntas, esas que nunca llegan a contestarse.<\/em><\/p>\n<p><em>A ese espacio se abr\u00edan las puertas de los dormitorios: el de mi abuelo, el de mi abuela, separados, los dormitorios, supongo tambi\u00e9n los cuerpos; el de mis padres, juntos, supongo tambi\u00e9n los cuerpos; hasta que en el de mi madre se declar\u00f3 una destrucci\u00f3n incontenible que la llev\u00f3 muy lejos del jard\u00edn; el cuarto de mi hermana, el m\u00edo; tambi\u00e9n el escritorio y la biblioteca de mi abuelo, y finalmente el que llam\u00e1bamos\u00a0 \u201ccuarto de los armarios\u00b4\u00b4, un mundo dentro de otro mundo. Bajo la luz coloreada de la claraboya, m\u00e1s tenue o m\u00e1s brillante seg\u00fan la inestabilidad meteorol\u00f3gica del puerto pr\u00f3ximo, vivimos doce a\u00f1os. Hubo cuatro muertes, ning\u00fan nacimiento. Un esplendor, una ruina. D\u00edas de fiesta, tristezas, descubrimientos, y tambi\u00e9n una tajada de felicidad.<\/em><\/p>\n<p><strong>La escalera colorada<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\" wp-image-8625 alignleft\" src=\"https:\/\/ecu.edu.uy\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/ESCALERA-LEO-BARIZZONI.jpeg\" alt=\"\" width=\"302\" height=\"445\" srcset=\"https:\/\/ecu.edu.uy\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/ESCALERA-LEO-BARIZZONI.jpeg 933w, https:\/\/ecu.edu.uy\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/ESCALERA-LEO-BARIZZONI-203x300.jpeg 203w, https:\/\/ecu.edu.uy\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/ESCALERA-LEO-BARIZZONI-694x1024.jpeg 694w, https:\/\/ecu.edu.uy\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/ESCALERA-LEO-BARIZZONI-768x1133.jpeg 768w\" sizes=\"(max-width: 302px) 100vw, 302px\" \/><em>La escalera colorada. La llam\u00e1bamos as\u00ed no porque lo fuera ella misma (era y es roble oscuro) sino porque era colorado \u2013o rojo, como se dijo despu\u00e9s- el brocado que cubr\u00eda las paredes que de alg\u00fan modo la envolv\u00edan, y tambi\u00e9n el caminero sobre sus escalones. En la casa, era como el Canal de la Mancha o el estrecho de Corinto. Algo que un\u00eda y separaba dos continentes: el m\u00e1s familiar de la planta principal donde al fin y al cabo viv\u00edamos, y el m\u00e1s enigm\u00e1tico de la planta alta. Esta empezaba por la cocina y sus dependencias y otra escalera que llevaba a los cuartos de los dom\u00e9sticos, que todav\u00eda llam\u00e1bamos, crudamente, sirvientes. Un mundo que ten\u00eda su propia intimidad, y la defend\u00eda con u\u00f1as y dientes. O, al menos, as\u00ed lo sent\u00eda yo.<\/em><\/p>\n<p><em>La escalera colorada era ese puente, como ya dije, entre la casa y un mundo aventuroso e inexplorado. Hab\u00eda una emoci\u00f3n particular en ese espacio rojo, vertical, envolvente y apenas iluminado, que favorec\u00eda las confidencias, las conspiraciones, los secretos. En mi memoria, era como un pasaje a la adolescencia.<\/em><\/p>\n<p><em>No \u00e9ramos ni\u00f1os en la escalera colorada. Carmucha y yo empez\u00e1bamos a diferenciarnos y a ocultarnos uno del otro. Ven\u00edan a veces amigos, o primos, y ellos participaban de la conspiraci\u00f3n. O la instigaban. All\u00ed se contaban cosas maliciosas, se conoc\u00edan palabras prohibidas, se revelaban los misterios de la vida, se jugaban juegos menos inocentes. Era un mundo se susurros o de silencios s\u00fabitos, o de risas sofocadas y nerviosas. Cautivante, estremecedor, tal vez culpable. En \u00e9l no se hab\u00eda introducido la muerte, pero la vida misma era peligrosa. <\/em>(Foto: Leo Barizzoni)<\/p>\n<p><strong>El sal\u00f3n de cuadros<\/strong><\/p>\n<p><em><img loading=\"lazy\" class=\"wp-image-8626 alignright\" src=\"https:\/\/ecu.edu.uy\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/ESTUDIO.jpg\" alt=\"\" width=\"410\" height=\"273\" srcset=\"https:\/\/ecu.edu.uy\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/ESTUDIO.jpg 1000w, https:\/\/ecu.edu.uy\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/ESTUDIO-300x200.jpg 300w, https:\/\/ecu.edu.uy\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/ESTUDIO-768x511.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 410px) 100vw, 410px\" \/>Hab\u00eda por lo menos media docena de cuadros de tema marroqu\u00ed, uno de ellos de Fortuny, en la pinacoteca de mi abuelo. Pero igual de inquietantes, y en plena vigilia, eran esos cuatro recintos disimulados en los cuatro \u00e1ngulos del sal\u00f3n, donde la inocencia de lo que en ellos se guardaba, fueran planos o tulipas, parec\u00eda solo una m\u00e1scara de algo amenazador, extranjero, desconocido, ya totalmente desvinculado del vientre protector del jard\u00edn de invierno. No se me ocurr\u00eda que fuera la muerte, no. Era la vida.<\/em><\/p>\n<p><em>Fue un territorio vedado, tradicionalmente cerrado con llave. Pero a cierto punto a mi abuelo se le fue haciendo cada vez m\u00e1s penoso subir la escalera colorada para contemplar sus adquisiciones (la \u00faltima fue su propio retrato, pintado por un h\u00fangaro vanguardista, que escandaliz\u00f3 a toda la familia) y nosotros empezamos a colarnos y familiarizarnos con aquel espacio extraordinario. De alguna manera nos hab\u00edamos agenciado la llave o tal vez la simple tolerancia. Un gran oct\u00f3gono de ocho lados iguales, que ocupaba todo el frente de la planta alta, pero de doble altura, y ese oct\u00f3gono dejaba cuatro tri\u00e1ngulos tambi\u00e9n iguales que eran recintos secretos, con entradas disimuladas en los paneles de la decoraci\u00f3n, y que no escond\u00edan tesoros ni cajas de caudales, sino que serv\u00edan como dep\u00f3sitos de cuadros relegados o a la espera, de marcos, de repuestos infinitos de herrajes o tulipas previstos por los arquitectos, de la documentaci\u00f3n de la casa, de grandes libros llenos de grabados sobre los estilos franceses dominantes en su dise\u00f1o y alhajamiento, mayormente Luis XVI e Imperio. Nos imagino entrando solos, por primera vez, en puntas de pie y de la mano, como quienes traspasan el umbral de lo sagrado.<\/em><\/p>\n<p><em>El sal\u00f3n de cuadros ten\u00eda una alfombra que se hab\u00eda mandado tejer especialmente. No era sin embargo octogonal, sino circular, pero ese c\u00edrculo ten\u00eda un agujero central, de un metro y medio de di\u00e1metro; eso lo convert\u00eda en rigor, en un gran disco horadado, una arandela, un anillo. El agujero estaba ocupado por una mesa circular, que en realidad escond\u00eda, bajo su tapa de m\u00e1rmol, el calefactor que graduaba la temperatura de la galer\u00eda. Precauci\u00f3n que sospecho mi t\u00edo Carlos Alberto hab\u00eda copiado de alg\u00fan museo muy avanzado de la \u00e9poca.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fragmentos del libro autobiogr&aacute;fico &ldquo;El jard&iacute;n de invierno&rdquo;, de Antonio Larreta (2002) &nbsp; Sarand&iacute; La casa de la calle Sarand&iacute; 528, a mitad de cuadra entre Ituzaing&oacute; y Treinta y Tres, frente al flanco izquierdo de la Catedral, termin&oacute; por llamarse puramente &ldquo;Sarand&iacute;&rdquo; en los recuerdos compartidos y a veces confrontados: los de mi hermana&#8230; <\/p>\n<div class=\"clear\"><\/div>\n<p><a href=\"https:\/\/ecu.edu.uy\/sitioweb\/el-jardin-de-invierno\/\" class=\"gdlr-button with-border excerpt-read-more\">Leer mas<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[1],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/ecu.edu.uy\/sitioweb\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8623"}],"collection":[{"href":"https:\/\/ecu.edu.uy\/sitioweb\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/ecu.edu.uy\/sitioweb\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/ecu.edu.uy\/sitioweb\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/ecu.edu.uy\/sitioweb\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8623"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/ecu.edu.uy\/sitioweb\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8623\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":8629,"href":"https:\/\/ecu.edu.uy\/sitioweb\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8623\/revisions\/8629"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/ecu.edu.uy\/sitioweb\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8623"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/ecu.edu.uy\/sitioweb\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8623"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/ecu.edu.uy\/sitioweb\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8623"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}