20
Ene
2012
Nueva York, invierno…
Hago tiempo para ir a cenar con amigos Uruguayos.
En un barrio lleno de floristas, tiendas de cosmética, cafés, restaurantes y ropa exótica, vuelvo al hotel con la sensación de haber pasado otro día diferente, neoyorquino.
Ayer cenaba con Roger, mañana tal vez Almuerce con Michelle. Hoy me esperan Juanma y su pareja.
Me levanté tarde hoy… el sol hacía fuerza por entrar a la habitación y parecía que la luz empujaba las tablas de madera de la veneciana junto a mi cama.
Salí rumbo al sur de la isla, desayuné en Starbucks, hice algunas compras, y cuando quise acordar estaba frente a Ground Zero.
Gigantes de vidrio y acero tratan de borrar las memorias del pasado, en una ciudad que se mueve a una velocidad de vértigo.
Es preferible no recordar. Es preferible no tocarse. Es mejor dejar de lado ciertos temas.
No hablamos de dinero, razas, credos, colores, estado civil o preferencias sexuales.
Tal parece que en una cultura donde todo se censura de esta manera, no quedara nada de qué hablar, a excepción del clima, los impuestos, y un crucero escorado en la costa italiana. El segundo Titanic.
Vuelvo al sur. El contraste impresiona. La antigua capilla de San Pablo, con su cementerio detrás, y tras él, la zona cero.
Algunas lápidas son de fines del año 1700. Uruguay ni siquiera existía como nación independiente.
Algunas recuerdan a seres que fueron queridos, y vivieron 3 años y 9 meses.
Nunca supieron de qué se trataba estar vivo, antes de dejar de estarlo. Hace más de doscientos años…
A mis cuarenta, vuelvo a descubrir lo afortunado que soy, en comparación… nada se puede comprar con el papel y metal acuñado por los hombres, cuando la brutal fuerza de la naturaleza se desata.
Alguien alguna vez acuñó el término “Naturaleza Humana”, en un intento de definir lo que somos. Hay entonces dos tipos de naturaleza? O simplemente los humanos llegamos y le pusimos nuestro propio sello, en un acto de inmoral apropiación?
Si bien hay algo cierto en el mundo: los humanos solamente seguimos 4 o 5 patrones de comportamiento, y a eso se reduce todo.
Trato de dejar mi pasado atrás, despellejándolo cual un camaleón muda su piel. No es sencillo. Pero cada minuto me convierte en un ser diferente, o mejor dicho, el aquí y el ahora forjan la continuidad de una misma existencia.
No almuerzo. Decido volver al hotel, e impulsivamente, mimarme con un masaje tailandés en un SPA. Después de todo, la vida está hecha de momentos.
El masajista resultó ser siciliano, 29 años, 2 en New York.
Intentamos entre ambos comprender la cultura. No se supone que debieran hablar con sus clientes, o escuchar, o comentar. Simplemente limitarse a hacer su trabajo.
Acá dos más dos son cuatro.
Pero rompimos las reglas. Hablamos de nuestras vidas, nuestras realidades, nuestros sueños. En medio de aromas, luz de velas y música suave, otro momento en la vida se construyó de la nada…
Vidas tan disímiles, sueños tan diferentes. O, en el fondo no?
Todos queremos ser felices, vivir relajados, hacer lo que nos gusta, sentirnos amados…
Naturaleza humana (1 de 5).
Por primera vez en el invierno, esta noche está anunciada una tormenta de nieve.
Hay gente que las odia. Gente que las ama. La realidad es una. Nieva, y el silencio ensordece. Todo se cubre de un inmaculado manto blanco, celestial, y empareja árboles y bancos, personas y bestias.
19:39. El tiempo parece detenido en mi reloj.