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Peatonal Sarandí 528

5 Dic 2010

Sunset. By all means.

Nuevamente, atardece.
El sol se sumerge lentamente en océanos inmensos.
Volverá refrescado, mañana.
Hoy estuve en la rambla. Llena de gente. Manifestaciones, carreras, fiestas.
Nunca me sentì tan solo en medio de tal multitud.
Da lo mismo. Estés o no estés, sos solamente moléculas ordenadas ocupando un espacio.
Incluso más, tal vez a alguien le estés tapando el sol, y se corra de la proyección de tu sombra.
Hoy hasta mi propia casa me resulta en cierto grado inhóspita.
Pensé en planchar camisas, pero me retrajo el hecho de que lo único que iba a hacer era adelantar la indecente rutina semanal.
Vestir formal, trabajar, volver a casa, cenar (o no) y recomenzar ese loop que a veces parece ser infinito.
Estoy a una semana de mi licencia, y el paso, o mas bien el no paso del tiempo se me hace insoportable.
Vuelvo a la puesta de sol. Tomo una foto.
En mi celular se acumulan a cada instante en forma de preguntas y respuestas, muchas veces no emparejables, muchas veces erradas de sentido, las últimas instantáneas de mi vida.
Parte de la vida que se va tejiendo a cada instante.
Y ahí está el sol, anunciando su declive.
De cuántas formas se puede ver un atardecer?
Tal vez a 2 metros de mí, para esa pareja que se encuentra sentada en el muro, sea un atardecer romántico. Tal vez el más romántico de sus vidas.
Para mi, hoy, ese atardecer es horroroso. No en un sentido estético, pues siempre es bello, así como también son muchas veces bellas las estatuas que ornamentan las tumbas en los cementerios, aquellas que expresan, agonizantes, el dolor o el horror, como en la cara de Saturno devorándose a sus hijos.
Los hijos ofreciendo al padre su carne, en un desesperado intento de supervivencia y amor oblativo.
Es horroroso, pues esconde (o manifiesta?) el horror de la noche en pleno día.
Aunque a veces más deprimente es el amanecer. la sensación del tiempo perdido en una noche de desvelo.
Tal vez en una horas cambie de parecer, tal vez la noche depare sus sorpresas. No albergo muchas esperanzas, sin embargo.
Es curioso. Hoy me siento desahuciado.
Dudé al escribir la palabra. La fuí a buscar al diccionario, y cayó con todo su peso, fulminante:
(De des- y ahuciar).
1. tr. Quitar a alguien toda esperanza de conseguir lo que desea. U. t. c. prnl.
2. tr. Dicho de un médico: Admitir que un enfermo no tiene posibilidad de curación.
3. tr. Dicho de un dueño o de un arrendador: Despedir al inquilino o arrendatario mediante una acción legal.
De todos modos, no fue una mala semana, o al menos un mal viernes.
Fui a ver a G.
Su alegría de verme fue un mimo para el alma.
Como siempre, mimosaurio.
Y es en esos momentos, en los que tu pasado vuelve a buscarte, en la mejor.
Y te hace ver todo el amor que diste y que recibiste.
Y te hace saber que sigue ahí, transformado.
Es casi como un dolor dulce, dolor por la pérdida, dulzura por el amor que subyace. Paz, tal vez, por la certeza de que fue lo mejor que pudimos haber hecho, al separarnos.
No hubo más dolor que el necesario.
Hubo más amor en el dejar partir al otro cuando sabemos que juntos no podemos seguir recorriendo, al menos por el momento, o tal vez para siempre, el mismo camino. 
Y uno vuelve entonces a pegar manotazos al aire, reclamando ser amado, tal vez en otra forma.
Y nos vuelven a decir que esperemos, que hay tiempo, que hay que dar tiempo.
Pero el tiempo pasa.
Es como tomar un placebo.
El sol se hunde, como al principio, como siempre ha sido. Exactamente regular en sus horarios, puntualísimo, inequívoco.
La feria del parque vuelve a estar abierta.
Fue ahí donde conocí a quien se llevara mi inocencia, dándome a su vez la posibilidad de que yo la dejara ir.
La primera noche de todas las noches que seguirán en tu vida. La noche en que tuviste sexo con alguien por primera vez, hace ya 20 años.
20 años.
Alguien dijo alguna vez que lo preocupante en la vida no es contar, sino contar en décadas.
Nos conocemos hace 20 años. Hace 20 años me operaron por apendicitis. Pasé 17 años trabajando en el mismo lugar. Los últimos tres fueron una vorágine.
Quiero innovar, re-crearme, y recrearme. Aprender mandarín no se me antoja tan exótico como antes.
Pero aún está ese hueco sin llenar.
Una cosa tan sencilla… no puedo recordar cuánto hace que nadie me acaricia la espalda, la cabeza, el cuerpo.
Es como que las caricias van, pero no vuelven. A veces el dar no es suficiente.
Taza cascada no sirve para tomar el té, dice mamá.
Me pregunto: podemos entablillar nuestras quebraduras interiores, de tal manera de hacerlas virtualmente invisibles a los ojos de otros?
Podemos cortar con el pasado a los machetazos, y liberados de todo ese lastre, continuar mas livianos?
Por lo pronto, en mi morral, solo llevo las llaves, documentos y algún abrigo liviano, por si refresca.

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